Pedro Conrado Salas – cód.
460942
Eduardo Sáenz Rovner. La Ofensiva Empresarial. Industriales,
políticos y violencia en los años 40 en Colombia. 2ª edición. Bogotá: Grupo de Investigación
Conflicto Social y Violencia – CES – Facultad de Ciencias Humanas – Universidad
Nacional de Colombia – Grupo TM S.A., 2007.
Eduardo
Sáenz Rovner ha dedicado este volumen al estudio del ascenso de un sector de la
economía colombiana en la década de 1940, el de los grandes industriales
nacionales y su mayor herramienta de cohesión interna, la ANDI, examinando, con
mucho trabajo de archivo, de qué manera sus planes para hacer regir sus
intereses en el estado pesaron (más no determinaron directamente) en las
vesanias acciones conflictivas bipartidistas que estallaron a fines de los
cuarentas y en los primeros años de los cincuentas (con el gobierno de Gómez);
enmarcándolos dentro del contexto internacional de la Posguerra y la Guerra
Fría.
Sáenz
Rovner es un historiador y economista que ha hecho copiosos estudios en varias
universidades extranjeras[1]
y que ha convertido a la historia empresarial en uno de sus enfoques
investigativos, junto a la del narcotráfico en el continente Americano. Ha
sacado varias publicaciones al respecto, entre las que están Perfiles de empresas y empresarios en
Colombia, 1946-1950 (1991); Colombia años 50. Industriales, política y
diplomacia (2002); y La conexión
cubana. Narcotráfico, contrabando y juego en Cuba entre los años veinte y
comienzos de la Revolución (2005).
Habiendo
podido acceder a los archivos de la ANDI, en Medellín, a los de la Fenalco
(Federación Nacional de Comerciantes), a los de la Presidencia de la República,
los del Ministerio de Relaciones Exteriores, en Bogotá, y a los de los National
Archives, en Washington, el autor tuvo la capacidad de presentar un conjunto
argumentativo bastante sólido y abundante en citas bibliográficas, en la que,
además, rebosan las referencias omnipresentes alusivas a la prensa de la época,
como El Tiempo, El espectador, El Colombiano,
El siglo, entre otros, que circulaban
fluidamente en dichos años. Con esto Sáenz pudo adecuar una consistente
estructura en el tratamiento de su materia, a la que ordena temáticamente.
Así,
el autor introduce el texto señalando que para los años cuarenta los
industriales eran un grupo fuerte y amalgamado, con intereses opuestos a los de
los cafeteros –los primeros querían aranceles muy elevados para favorecer la
distribución de su producción en un mercado cautivo, mientras los segundos
querían exactamente lo contrario, al ser exportadores (como de café) e
importadores de numerosos artículos extranjeros– y, hasta el momento, no del
todo amparados por los gobiernos de la hegemonía liberal[2].
A continuación procede a explicar cómo fue que tales grandes burgueses llegaron
a ser tan vigorosos, enseñando que el surgimiento de la ANDI, en 1944,
respondió a los nexos que empresarios de varias partes del país (Bogotá,
Medellín, Cali, Barranquilla y Manizales) crearon para endurecer su hegemonía
oligopólica de los mercados nacionales, especialmente en textiles y tabaco, y
que contribuyó a hacer de ellos una alianza formidable. Tal impetuosidad se
vería reflejada en las enormes inversiones en campañas publicitarias[3]
para diseminar en la población sus ideales de libre empresa, de impulso a la
industria nacional como sector económico representativo de todo el país (lo
cual era obviamente falso, recuérdese a los comerciantes mencionados arriba) y
de la necesidad de un mercado interno pujante, liderado por estas pequeñas
élites; valiéndose asimismo de lobbysts,
contratados por la asociación para que presionaran en el congreso el fallo por
aranceles convenientes a ellos –como Lleras Restrepo, quien “representaba”
también a los cafeteros.[4]
Concurrentemente
a la ANDI, no obstante, muestra Sáenz que en 1945 se creó la Fenalco como
sociedad opositora a la política de control de precios por parte del gobierno.
En ella los comerciantes (grandes y pequeños) del país aunaron fuerzas para
luchar contra estas iniciativas y, poco después, para obstaculizar en el
congreso –y exitosamente– las propuestas restrictivas de la ANDI. Esta
rivalidad estaría encarnada en las figuras de la familia Echavarría (de los
industriales) y la Aristizábal (de los grandes comerciantes cafeteros).
Dicha
controversia, efectivamente, tendría como campo de combate las sesiones de la
Cámara, en el congreso, donde la ANDI y Fenalco (alineados más o menos en los
partidos conservador y liberal, respectivamente) se valieron de sus
instrumentos (lobbysts y congresistas
liberales favorables, correspondientemente) para prevalecer; siendo que Gaitán,
como muestra luego el autor, al dar su apoyo a un plan arancelario que
beneficiara a todos, y no a unos pocos oligarcas,[5]
inclinó la balanza hacia el lado de los comerciantes, logrando frustrar a los grandes
burgueses hasta su asesinato, en 1948. Asesinato que, como menciona en seguida
Sáenz, al provocar los levantamientos del “Bogotazo” y al dañar a bastantes
comerciantes e industriales,[6]
dio razón al presidente Mariano Ospina Pérez[7]
para elevar impuestos de importación con el fin de aumentar el fisco y
subvencionar a los perjudicados, lo cual fue, indudablemente, también
aprovechado por la ANDI para sus proyectos arancelarios y para propulsar toda
una campaña antisindicalista (en consonancia con la política norteamericana del
momento) que tenía como fin destruir a los obreros como fuerza política y al
comunismo.
Y
luego, para finalizar, el autor exhibe cómo se sentaron los cimientos para los
subsiguientes conflictos con las vísperas de las elecciones presidenciales,
para las cuales Ospina aceptó implementar las políticas represivas recomendadas
por Laureano Gómez contra los liberales y desbrozar el camino para su elección –de
Gómez–; sumándole que, a continuación, ante una enconada oposición liberal,
procedió a suprimir el congreso y gobernar por decreto, lo cual fue celebrado
por los industriales (que ya no tendrían más trabas en el congreso y se
aliarían a Gómez) y lamentado por los comerciantes (que adhirieron al
liberalismo de Lleras Restrepo).[8]
Esbozado
así el libro, considero que posee bastantes puntos fuertes y otros débiles: los
más duros son los relacionados con las fuentes y la teorización, pues es muy
afortunado que el autor haya podido consultar toda aquella suma de archivos que
menciona constantemente y que, contrariamente a la doctrina marxista, no
respete aquella división entre estructura y superestructura que le hubiese
significado prestar atención primordial a los factores materiales e ignorar
como superfluos los ideológicos (como la divulgación en la prensa).
Los
débiles son que, juzgo, el autor mencionó, pero no dio calado suficiente, a las
relaciones si positivas o negativas entre Estados Unidos y los empresarios,
pues en la Introducción dice que fueron agentes del imperialismo, pero en el
curso del texto solo alude vagamente, a veces a la preocupación por la ola de
productos amenazantes, y otras al incentivo a la inversión. Además, considero
que esta obra deja entrever, varias veces, una especie de reproche a los
empresarios.
[1] Pregrado (1972-1974) y
Maestría (1976-1977) en Economía en la Southern Illinois University at
Carbondale; Maestría (1981-1985) y Doctorado (1985-1988) en Historia Comparada en
la Brandeis University Massachussets.
[2] Contrariamente a lo que han
afirmado los historiadores tradicionalmente, haciendo creer que los gobiernos
de Olaya Herrera, de López Pumarejo y de Santos incentivaron denodadamente la
industria con una política proteccionista. En realidad, parece, prefirieron
otorgarle su beneplácito a los agricultores cafeteros.
[3] Se empleó prensa escrita,
como El Colombiano, de Cali, y El Tiempo, de Eduardo Santos, supuestamente
autónomo; y radiodifusión.
[4] Aquí el autor rebate la
creencia, compartida por historiadores latinoamericanos, como Miguel Urrutia,
de que la industria tuvo poca incidencia en la política.
[5] Aunque, realmente, ambos
grupos eran oligarcas.
[6] Pues, de hecho, fue un
movimiento insurgente de carácter nacional, no solamente bogotano.
[7] Político conservador
moderado, presidente desde 1946, que fue, en su juventud, un notable
comerciante cafetero y especulador de bienes raíces. Como mandatario dio, inicialmente,
pocas concesiones a los industriales, pero accedió a elevar aranceles
mesuradamente debido a la nueva coyuntura económica mundial de posguerra que
amenazaba con anegar al mercado colombiano con productos externos.
[8] Quien, para entonces, ya había
cesado en su colaboración con la ANDI, volviéndose a los cafeteros.
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