Germán Colmenares: Las convenciones contra la cultura: ensayo sobre la historiografía hispanoamericana del siglo XIX. Universidad del Valle/TM Editores, 1989. 202 páginas.
En el 2001 la Academia Colombiana de Historia publicó el trabajo, de uno de sus ilustres hijos, Roberto Velandia, titulado Un siglo de historiografía colombiana: cien años de la Academia. Allí el que fuera Secretario de la Academia Colombiana de Historia por espacio de veinte años, escribió: "Desde luego tampoco vamos a desconocer a otros historiadores, independientes, militantes de otras doctrinas, enfilados en campamento aparte, que le han dado a la historia colombiana una interpretación materialista (…) quienes han querido despojarla de lo más bello que tiene nuestra historia: idealismo, heroísmo, sentimiento de patria y nacionalidad. De ellos son representativos Jaime Jaramillo Uribe, Germán Colmenares, Jorge Orlando Melo, Álvaro Tirado Mejía, Rafael Gutiérrez Girardot y Hermes Tovar"[1], por lo visto y como dijo el profesor Kalmanovitz, cuando reseñaba el libro Convenciones contra la cultura de Colmenares, "la historia patria vive todavía pero respira cada vez con mayor dificultad"[2]. Esto reafirma que no solo los historiadores decimonónicos, sino también los del siglo XXI, pasando por varios del siglo XX dentro y fuera de las academias de historia colombiana, han concentrado todos sus esfuerzos en la reconstrucción y narrativa de las historias patrias que validaran la independencia colombiana y contribuyeran a crear una identidad nacional en torno los héroes y mitos fundacionales de la nueva nación[3].
Lo anterior sólo es un ejemplo que demuestra la vigencia de la obra de Germán Colmenares, Las convenciones contra la cultura: ensayo sobre la historiografía hispanoamericana del siglo XIX. Dedicado a Jaime Jaramillo Uribe su maestro de siempre, esta obra, escrita entre 1985 y 1986 cuando viajó como profesor invitado a la Universidad de Cambridge, es la cúspide de su trayectoria intelectual, la cual se troncaría severamente con su muerte en 1990.
Como bien los señala Margarita Garrido, la reflexión sobre la historiografía, sobre sus fuentes y métodos, sus teorías y su escritura "fue un campo recurrente y excepcional en el que la práctica de Germán fue también prolifera"[4], en ese sentido, sus reflexiones teórico metodológicas alcanzaron varios frutos, uno de ellos es la crítica de la historiografía hispanoamericana decimonónica que se plasma en Convenciones contra la cultura, pero que tuvo su primer momento en la critica a la Obra de José Manuel Restrepo en su trabajo La Historia de la Revolución por José Manuel Restrepo: Una prisión historiográfica. Allí Colmenares enunciaba cómo la obra de Restrepo no se limitaría a una simple descripción, por el contrario, en su Historia de la Revolución de la Republica de Colombia dejaría fijados los mitos fundacionales de la nación, que se irían a reproducir, en una prisión historiográfica, por la mayoría de los historiadores que lo procedieron.
Como se ha visto, el libro que vamos a reseñar, Las convenciones contra la cultura: ensayo sobre la historiografía hispanoamericana del siglo XIX, es la última producción de del maestro Colmenares. El trabajo es el resultado de una investigación historiográfica, donde él hace un cuidadoso análisis de la historiografía latinoamericana del siglo XIX, para lo cual hace un juicioso estudio de las obras de autores representativos, tales como Rafael María Baralt, Bartolomé Mitre, Benjamín Vicuña Macke-nna, Diego Barros Arana, José Manuel Restrepo, Domingo F. Sarmiento, Andrés Bello, Miguel Luis Amunátegui, José Victorino Lastarria, Vicente Fidel López, Federico González Suárez y otros. El libro está dividido en prologo, introducción, cuatro capítulos y conclusiones. En la introducción se hace la pregunta ¿Qué hacer con las historias patrias?, y toca el tema de las teorías y la historiografía, en el capítulo I analiza las convenciones contra la cultura, en el capítulo II la temporalidad del siglo XX, en el capítulo III la invención del héroe y en el capítulo IV la escritura de la historia.
Con la premisa de que "el quehacer de los historiadores hace parte de la actualidad intelectual de su propio momento"[5], Germán Colmenares se propone superar criticas anacrónicas de historiadores norteamericanos a la historiografía hispanoamericana del siglo XIX, como aquellas derivadas del concepto de "historias patrias" acuñado por el profesor Woodrow Borah. Para Colmenares, criticas como que "los historiadores no veían otra cosa en la historia americana que una prolongación de la europea", que sus "esquemas interpretativos, enteramente prestados, habrían dependido de una absorción apresurada y superficial de las novedades doctrinales europeas", o que "todas las novedades europeas debían restar originalidad al quehacer de los historiadores hispanoamericanos", constituyen más bien una mirada al pasado historiográfico de acuerdo con patrones contemporáneos.
A cambio de lo anterior, Colmenares propone nuevas preguntas: la naturaleza del discurso histórico del siglo XIX; lo que éstas historias representaba y las funciones que cumplía; y "por las condiciones intelectuales específicas en que se produjo" la historiografía del siglo XIX. Tales condiciones, según el mismo profesor, se refieren a: "primero, la elección de la Independencia como tema central; segundo, los conflictos culturales con los que debía tropezar toda elaboración historiográfica dadas las premisas impuestas por un proceso de revolución política y, tercero, la disimulación de los conflictos por las convenciones historiográficas adoptadas".
Podemos mencionar que la tesis central de Colmenares es que en los trabajos históricos del siglo XIX se tomaron ciertos modelos interpretativos, ciertos esquemas explicativos de la historia que fueron usados por la historiografía europea de la primera mitad del siglo XIX, y que estos fueron imitados sin mucha o sin ninguna actitud crítica por la mayoría de los historiadores latinoamericanos de la primera mitad del siglo pasado, y con una buena dosis de interés en ocultar la realidad de los hechos en la sociedad latinoamericana posterior a la independencia. Esto implicaba dos argumentos centrales: primero, que las historias latinoamericanas del siglo XIX, antes que cultura, constituyen convenciones en su contra; y segundo, que sus autores se limitaron a adoptar de forma acrítica modelos exóticos de interpretación.
Dentro de las convenciones que critica Colmenares y que son utilizadas de manera a crítica se encuentra las prácticas de explicar la historia por la intervención de una gran personalidad, del héroe nacional epónimo, como lo proponía el historiador ingles Thomas A Carlyle o el norteamericano William Prescot. De igual forma podemos mencionar como ejemplo de convenciones el haber ignorado, no tanto por motivos lógicos como por motivos políticos e intereses de clase social, la continuidad de la historia. Bien lo señala el autor al decir que "la obstinada fijación en la doctrina del progreso subordinaba toda interpretación del pasado a las expectativas sobre futuro. El pasado era tan solo, en el mejor de los casos, un espectáculo lamentable de envilecimiento, oscurantismo y opresión y, en el poder, una influencia todavía activa que debía extirparse"[6].
En todo caso Colmenares puntualiza que "El fondo del debate no debe verse sólo como el resultado de diferencias ideológicas que contraponían tradiciones liberales con raíces urbanas, y que adoptaban modelos de pensamiento provenientes de Inglaterra, Francia y Estados Unidos, a tendencias conservadoras de tipo rural, hispanizantes, confesionales y autoritarias. Las valoraciones negativas del pasado provenían en gran parte de la incapacidad de reproducirlo de algún modo. Los contenidos culturales de ese pasado, fueran hispánicos e indígenas, escapaban a las formas de representación importadas de Europa"[7].
Ignorar los problemas reales de tipo social y político que aparecerían después de la independencia, es otro ejemplo de las convenciones. "La idea de fustigar la propia sociedad para que se inclinara frente a valores a veces un poco exóticos pero que se percibían vagamente como superiores hacía parte, durante el siglo XIX, de un profundo complejo criollo"[8]
Como ya se ha mencionado, en este trabajo Germán Colmenares pone a prueba la síntesis lograda por él a partir de sus reflexiones en torno al oficio del historiador. Convencido de la interdisciplinariedad de la historia con otras ciencias, Margarita Garrido nos comenta como para él "la escritura de la ciencia de la historia entonces se regirá por una coherencia analítica y una intención de intelección que debería balancear la narrativa"[9]. De allí se desprende que otra de las convenciones que critica Colmenares sea la que pretende atar el lenguaje historiográfico arquetipos literarios ajenos a la realidad que en vez de representar, termina tergiversándola. Su crítica no pudo ser más clara: ". La inserción de los historiadores surhispanoamericanos del siglo XIX, primero dentro de la tradición literaria ilustrada y más adelante dentro de la del romanticismo liberal, les contagiaba este sentido de extrañamiento de la propia realidad"[10].
Pero este tema del lenguaje es más complejo, para Colmenares "El problema de la tradición histórica en Hispanoamérica con respecto a las producciones del siglo XIX no radica entonces en si nos referimos a la misma realidad, sino más bien en si hablamos el mismo lenguaje"[11], dado que las imágenes no estaban destinadas a definir una realidad sino a prefigurarla con el agravante de que "muchas imágenes procedían de un fondo común de convenciones historiográficas europeas; en otras palabras, eran prestadas… El problema central de la historiografía hispanoamericana del siglo XIX resultaba ser así un problema de cómo figurar la realidad americana. El lenguaje histórico del siglo XIX dependía casi enteramente de su capacidad mimética y de ciertas convenciones dramáticas…las dificultades de la figuración americana nacían de la ausencia de modelos adecuados de discurso y de pobreza de otras formas de representación, literarias o picoticas."[12]
Esta prefiguración de la realidad está íntimamente relacionada con la visión de historia que tenía quien la ejercía. "Los historiadores hispanoamericanos del siglo XIX buscaron construir una imagen del pasado reciente para fijar con ella los rasgos de una identidad colectiva. Tal imagen aparecía muchas veces como la proyección de cierta preocupaciones, o era de alguna manera afín con problemas contemporáneos que incitaban a la búsqueda."[13] En otras palabras, para los historiadores del siglo XIX la historia no sólo era un asunto del pasado, sino del futuro que estaban interesados en construir, de allí que las historias patrias tenían un uso político. No es de extrañar, entonces, que "La elección de la Independencia como momento axial debía afectar las vidas de las generaciones por venir, ubicándolas en una sucesión temporal que había sido marcada por un nuevo comienzo"[14].
Pero Colmenares va mas allá de la simple critica a la Historia Patria, como si estas fueran el producto deleznable de una práctica profesional descuidada e irresponsable, para él, esta historias se presentan como una forma de representación de la realidad creando una conciencia histórica que actuaba en el universo de la política y de las relaciones sociales, y es importante entender esto en su contexto, para lo cual su obra es de gran valor. Otra cosa es que esas imágenes sigan actuando de una manera distorsionada en el presente y estén moldeando de alguna manera el futuro, de allí que se atreva a decir, con certeza, que "el presente en Hispanoamérica no es prisionero del pasado sino más bien de las imágenes construidas de ese pasado"[15].
Estando de acuerdo con el maestro Jaime Jaramillo cuando dice, al referirse a la obra de Colmenares, que "la abundancia de temas y la complejidad de ellos y las agudas y eruditas consideraciones"[16] amerita el encuentro de los historiadores, para reflexionar en torno a "cómo se ha escrito nuestra historia", nuestra mirada no puede ser acrítica, contrariando las mismas enseñanza de Colmenares.
Decir, como lo hace Sergio Andrés Mejía Macía[17], que las convenciones contra la cultura que asumieron los historiadores del siglo XIX y que son el centro de la crítica en Colmenares son "sencillamente cultura", o pretender quitarle el significante a esas historias cuando se les denominan Historias Patrias, por el simple significante de "historias del siglo XIX", es no haber comprendido la riqueza del debate propuesto por Colmenares, pero más grave aún, es dar pie para seguir en esa prisión historiográfica que nos sujeta el uso de convenciones contra la cultura. Querer superar ese estado de formación de la historiografía del siglo XIX, a partir de su crítica, no niega que reconozcamos, como lo exige Mejía, que las historias del siglo XIX "constituyeron la columna vertebral de la cultura escrita en todos los países de la región durante más de un siglo"[18].
Contrario a lo expuesto por Mejía, el espíritu de la obra de Germán Colmenares, y con el cual creo que deberíamos quedarnos si vamos a tomar esas historias y sus mentores como fuentes para los estudios historiográficos del siglo XIX, lo recoge el profesor Francisco A. Ortega al decir: "El objetivo, por lo tanto, será entender mejor las motivaciones e intenciones de los participantes –en este caso los historiadores- así como las consecuencias de sus acciones, lo cual sólo se hace posible a partir de una atención especial al lenguaje del periodo, sus usos particulares, contenidos semánticos y simbólicos y contextos comunicativos, los verdaderos fundamentos de lo político"[19].
Rodolfo Hernández
Estudiante Historia
Universidad Nacional de Colombia
Estudiante Historia
Universidad Nacional de Colombia
[1] Citado en: Sergio Andrés Mejía Macía, "¿Qué hacer con las historias latinoamericanas del siglo XIX?.", Anuario Colombiano de la historia social y de la cultura: Nº 34 (2007): 435
[2] Salomón Kalmanovitz, "El fin de la historia patria. Reseña Convenciones contra la cultura", Magazín Dominical: Nº 285(1988):20
[3] Catalina Reyes Cárdenas. Balance y perspectivas de la historiografía sobre Independencia en Colombia
[4] Margarita Garrido, "Germán Colmenares: Sobre investigación y escritura", en Germán Colmenares: Ensayos sobre su obra, eds. Universidad del Valle (Bogotá: TM Editores, 1999), 41-55.
[5] Germán Colmenares, Las convenciones contra la cultura: ensayo sobre la historiografía hispanoamericana del siglo XIX (Valle: TM Editores, 1989), 11.
[6] Germán Colmenares. 18
[7] Germán Colmenares. 70
[8] Germán Colmenares. 78
[9] Margarita Garrido, "Germán Colmenares: Sobre investigación y escritura", en Germán Colmenares: Ensayos sobre su obra, eds. Universidad del Valle (Bogotá: TM Editores, 1999), 41-55.
[10] Germán Colmenares. 92
[11] Germán Colmenares. 200
[12] Germán Colmenares. 201
[13] Germán Colmenares. 199
[14] Germán Colmenares. 99
[15] Germán Colmenares. 23
[16] Jaime Jaramillo, "La contribución de Germán Colmenares a la historia intelectual y a la metodoligia de la historia", en Germán Colmenares: Ensayos sobre su obra, eds. Universidad del Valle (Bogotá: TM Editores, 1999), 9-21.
[17] Sergio Andrés Mejía Macía, "¿Qué hacer con las historias latinoamericanas del siglo XIX?.", Anuario Colombiano de la historia social y de la cultura: Nº 34 (2007): 438
[18] Sergio Andrés Mejía, 438
[19] Francisco A. Ortega, "Acontecimiento y eventualización: debates historiográficos" en Historia Cultural
desde Colombia. Editores Max Sebastian Hering and Amada Carolina Pérez, (Bogotá: Universidad Javeriana-Universidad Nacional de Colombia, 2012), 447-480.
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